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domingo, 13 de marzo de 2016

LA NECESIDAD COTIDIANA Y ARTISTICA DEL CALZADO

en enero 25, 2013

El zapato de salon, el mejor complemento de baile, aparece en escena a principios del siglo XVIII, reivindicando la sencillez de líneas y el poder del clasicismo.

Cómodos, elegantes y un tanto austeros, su entrada en el mundo de la moda y en el de la mujer fue realmente triunfal.

A través del paso del tiempo, este peculiar calzado ha sufrido toda una serie de transformaciones, siempre pendiente de los gustos y las necesidades manifestadas por los gráciles y delicados pies que se deslizaban, y siguen deslizándose, bajo la piel y el charol…

Pieza clave del vestuario, el zapato de salón baila al son de las melodías más variopintas.

Black_and_white_shoes

Nacimiento

Su llegada fue recibida con la más calurosa bienvenida. A partir de 1750, la mujer encontró en este tipo de calzado la mejor alternativa a, por una parte, las delicadísimas y frágiles zapatillas que calzaban en casa y, por otra, a las muchas veces dictatoriales y tiránicas botas que, cumpliendo la función del verdugo más despiadado, oprimían sus pies a cada paso que daban.

La amplitud de sus punteras y sus moderados tacones, que no sobrepasaban los cuatro o cinco centímetros, hicieron que se convirtieran en un verdadero paradigma.

Siglo XIX: música y baile

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, el zapato de salón comenzó a lucir sus mejores galas. El tacón se estiliza y crece varios centímetros, las punteras se estrechan paulatinamente y los más exquisitos adornos revisten con elegancia y pomposidad las palas y las hebillas de unas sofisticadas piezas.

La piel de cabritilla, con una delicada reverencia, cede su paso, a partir de finales de siglo, al brillo y la exquisitez del charol. Una vez acicalado, el zapato de salón estaba listo para deslumbrar al más apuesto caballero en los salones de baile. Música y zapatos de salón, absolutamente inseparables.

Siglo XX: belleza y comodidad

A partir de la década de los cincuenta, aparece el mítico y cinematográfico zapato de salón bicolor. ¿Quién no recuerda aquellas piezas con el cuerpo y gran parte del tacón de color blanco o beige y la puntera color negro? Realmente, marcaron estilo.

Hasta finales de los años sesenta, época en la que la mujer accedió plenamente al mercado laboral, el zapato de salón no volvió a definirse con el adjetivo cómodo. Los años de fiesta, charleston y twist dieron paso a las múltiples y agotadoras horas de trabajo que cada mujer debía cumplir diariamente. Ante sus exigencias, los diseñadores de la época se pusieron manos a la obra, creando una gama más amplia de modelos, de números y reduciendo la altura del tacón a menos de tres centímetros. Por fin se podía encontrar en los escaparates un zapato adaptado a las necesidades de una mujer con infinidad de compromisos que deseaba estar guapa sin renunciar al bienestar.

Zapatos de salón; estilizan, embellecen y, lo más importante, son muy llevaderos.
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zapato salon tacon bajo
https://modinblu.wordpress.com/2013/01/25/la-historia-del-zapato-de-salon-2/

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